sábado, agosto 06, 2005

 

El dinero bárbaro

el Señor S, buen amigo mío, honrado, gracioso cuando se tercia y con bastante sensibilidad, encontró el otro día una cartera en la cola del cine. La cartera contenía 140 € (que se dice pronto), así como distinta documentación. No tardó en decidir lo que tenía que hacer: devolver la cartera con todos sus efectos, haciéndole un gran favor al dueño, pues bien es sabido lo que cuesta tener que ir a renovar el papeleo, anular targetas y demás burocracia... pero el dinero se lo quedó. Se sintió muy bien por hacerle el favor a esa persona de devolverle la cartera. Y cuando me lo contó, henchido de orgullo por su buena acción y su botín, se sorprendió al oir mi respuesta: yo le habría devuelto también el dinero.

A veces a uno la vida le enseña cosas, y da la casualidad de que en una ocasión a mi se me perdió la cartera con dinero, y cuando la cartera apareció sin un duro, juro que la sensación que a mi me dejaba la persona que lo encontró era la de ladrón; no obstante, él se sentirá un gran ciudadano y benefactor. Si encontró mi cartera, con mi DNI y por tanto la dirección y mis datos, ¿no está en todas las facultades de devolverlo? Pero aquí entra en escena el otro actor de la comedia: la policía. Resulta que la costumbre de cuando alguien encuentra unos documentos, es entregarlos en la comisaría más cercana, para que sea el brazo de la ley el que se encargue de devolverte lo que es tuyo. Entregarlo a una tercera persona convierte el proceso en impersonal. Aparecen las verdaderas razones de la decisión del Señor S: la impersonalidad y la comodidad.

Sencillamente hemos creado una máquina de devolver datos, una especie de consenso no escrito por el que podemos hacer uso de unos tíos de uniforme a los que podemos entregar cualquier objeto de valor para ser devuelto, lo cual nos da la facilidad de devolver solamente lo que consideremos falto de valor para nosotros mismos, sin tener que afrontar mirar cara a cara a la persona a la que estamos sisando. ¿Quién nos da derecho a decidir sobra un objeto que es patrimonio de otra persona? El suelo, o eso me habría respondido el Señor S. Según él, todo lo que encuentras en la calle te lo puedes quedar. Y vale, si no tienes manera de saber de quién es no vas a andar investigando por doquier. Pero eso dista un poco de encontrar una cartera repleta de datos. Y yo digo: ¿si encuentras un coche te lo puedes llevar? que estupidez, ¿no? está claro que no. ¿Y por qué sí puedes llevarte una cartera con 140 euros con nombres, apellidos y dirección? ah no, tan solo los 140 €... ¿y entonces sí puedes llevarte lo que hay dentro del coche pero no el coche?

Es un ejemplo del pensamiento social actual. A veces nos creemos que hemos llegado a la perfección moral, miramos lo que se hacía antaño y no entendemos como podían ser tan bárbaros, creemos que tenemos todo: libertad, respeto mutuo, democracia... Pues un servidor que sigue pensando que dentro de cien años volverán la mirada hacia nuestro pensamiento y dirán: ¿pero cómo podían ser tan bárbaros? Por qué? fácil, porque nuestra sociedad aún permite moralmente que si no te ven, hagas lo que quieras. Y ojo, que hablo de moral, no de leyes. No pretendo que andemos recortando libertades, que las leyes son un punto y a parte, y están para lo que están.

Al fin y al cabo la democracia lo que hace es evitar que nos tiremos los trastos a la cabeza unos a otros (y no siempre lo consigue). La sociedad de hoy sigue primando lo individual sobre todo, y nos miramos tanto el ombligo que nos volvemos miopes, y no podemos ver más allá de nuestras narices. Aún hacemos las cosas porque nos resultan cómodas, no porque de verdad pensemos que es lo mejor. Aún nos aprovechamos de la situación cuando sabemos que nadie nos podrá delatar. Y ojo, que esto siempre existirá, pero lo que me preocupa es que hoy por hoy, la sociedad lo acepta. Tanto, que el Señor S horrorizado ý ofendido, inquiría que quién era yo para llamarlo ladrón... y lo prometo: el Señor S es honrado, gracioso cuando se tercia y con bastante sensibilidad.
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